Fomentando la Inteligencia Emocional en Casa con Macarena Blanco y Sofía Holschneider de Grupo Psiento

Macarena Blanco y Sofía Hollschneider, socias del grupo Psiento, llevan diez años trabajando con niños, ofreciendo terapia emocional a adolescentes, asesoría a padres y diversos talleres. Hoy, nos hablaron sobre la importancia de la inteligencia emocional y compartieron valiosos consejos para fomentar este aspecto en nuestros hijos desde casa. 

 

Primero, nos explicaron cómo funciona la biología del cerebro de los niños. Según la teoría del marketing, tenemos tres cerebros: el cerebro reptiliano, el cerebro límbico y la neocorteza. El cerebro reptiliano es el más primitivo y se activa en situaciones de supervivencia, generando respuestas instintivas como el llanto en bebés. El cerebro límbico, más avanzado, gestiona emociones como la ira, y finalmente, la neocorteza se encarga del pensamiento racional y la reflexión. Con los niños pequeños, no podemos esperar una inteligencia emocional completamente desarrollada, ya que esta se aprende y se enseña gradualmente. 

Es crucial empatizar con las emociones de los niños. Cuando ocurre un incidente, como un derrame de chocolate en un sillón nuevo, los padres deben evitar reaccionar instintivamente con ira. En lugar de eso, deben mantener la calma, validar el sentimiento del niño y guiarlo hacia la reflexión y la solución del problema. 

Como padres, debemos ser modelos de comportamiento para nuestros hijos. No podemos pedirles que no griten o reaccionen con berrinches si nosotros somos los primeros en hacerlo. Es importante reconocer y validar todas las emociones, sin clasificarlas como buenas o malas. Los niños deben sentirse seguros para experimentar y expresar sus sentimientos sin miedo a ser juzgados. 

Una historia que Macarena y Sofía utilizan en el consultorio ilustra cómo las emociones pueden confundirse. Cuentan que el enojo y la tristeza se bañaron en un lago y, al salir, se pusieron la ropa del otro por error. Esto simboliza cómo a veces la tristeza se manifiesta como enojo y viceversa. Ayudar a los niños a identificar y entender sus emociones es fundamental para su desarrollo emocional. 

Validar el sentimiento del niño y limitar la conducta es otra estrategia clave. Por ejemplo, podemos decir: “Entiendo que estés enojado porque no puedes comer un dulce ahora, pero no es adecuado reaccionar así”. Además, debemos recordar que nuestra percepción del mundo no es la misma que la de nuestros hijos, y debemos permitirles descubrir y resolver sus propios desafíos. 

La inteligencia emocional no significa perfección. Todos cometemos errores y es vital mostrar a nuestros hijos que es normal equivocarse y buscar soluciones. Esto les enseña empatía y resiliencia, ayudándolos a manejar sus emociones de manera saludable. 

Macarena y Sofía también subrayaron la importancia de encontrar soluciones ganar-ganar en conflictos. Animar a los niños a dialogar y resolver problemas juntos les enseña habilidades valiosas para la vida. 

Finalmente, recomendaron utilizar el juego como una herramienta para explorar las emociones y el mundo interior de los niños. Además, sugirieron un ejercicio nocturno donde padres e hijos compartan algo que hizo su corazón feliz y algo que lo hizo triste durante el día. Esto fomenta una comunicación abierta y enseña a los niños que todas las emociones son válidas y naturales. 

En resumen, fomentar la inteligencia emocional en nuestros hijos requiere empatía, paciencia y ser un buen modelo a seguir. Con estas prácticas, podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar una comprensión saludable de sus emociones, preparándolos para enfrentar la vida con resiliencia y empatía.
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